¿Qué papel desempeña la figura del Psicólogo Clínico en el Programa de Enlace Covid19?

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Miedo, tristeza, rabia, tensión, inseguridad, soledad… son sólo algunas de las
emociones que los/las profesionales de la salud mental nos estamos
encontrando últimamente en las consultas. Y es que, al igual que otros/as
profesionales de la salud (entendida en su sentido amplio), nosotros/as
también seguimos aquí, al pie del cañón, atendiendo «la enfermedad» que se
está originando, o agudizando, con la pandemia.
Quizás todas estas emociones sean normales, e incluso adaptativas, en un
mundo que se ha vuelto incontrolable y en una realidad para la que no nos
han preparado. El problema viene cuando la gestión de estas emociones nos
desborda o incluso nos paraliza, dificultándonos seguir una rutina lo más
normalizada posible en este mundo ilógico. Y es aquí, precisamente, donde
entramos los/las profesionales de la salud mental, porque justo esto es lo que
llevamos meses viendo en nuestras consultas: personas bloqueadas por el
miedo que no son capaces de salir de casa, personas con compulsiones de
lavado por el temor al contagio, personas con dificultades previas que se han
visto exacerbadas por esta “nueva realidad”, personas con estrés
postraumático tras haber vivido situaciones que ninguno/a de nosotros/as
imaginaría que pasarían o personas que están experimentando reacciones de
duelo complicado por haber perdido a sus seres queridos sin haber podido
despedirse. En esta línea, podríamos enumerar un larguísimo etcétera que
delimitarlo en este artículo excedería el objetivo del mismo.
Por otro lado, no podemos olvidar la importancia de una parte fundamental
en este escenario de atención a la salud, como es el trabajo de nuestros/as
compañeros/as sanitarios/as, porque a ellos/as tampoco se les ha preparado
ni física, ni emocionalmente para hacer frente a la realidad que están
viviendo y, pese a que están haciendo un trabajo irreprochable, las reacciones
emocionales intensas también están ahí, llevándoles a muchos/as de ellos/as
a llamar a nuestras puertas.
Estamos viviendo en primera persona una pandemia mundial y esto
inevitablemente tiene efecto en nuestra psique, pues la percepción de que el
mundo es controlable es un requisito indispensable para nuestra salud mental.
Ante la falta de control, necesitamos poner en marcha una reacción de
adaptación que va a requerir el uso de habilidades y capacidades que quizás
no tenemos, o no sabemos que tenemos. Estas circunstancias son el caldo de
cultivo óptimo para provocar una respuesta de estrés en el organismo que,
dependiendo de la duración y la intensidad de la misma, desencadenará
determinados efectos sobre la salud.
Diría que, acompañar a la persona en estos tiempos y circunstancias adversas
sería nuestra función principal. Acompañarlas para que puedan sacar su
potencial y puedan adaptarse a esta nueva realidad, o mejor dicho, a esta
realidad cambiante en la que se nos requiere estar continuamente
moviéndonos para poder funcionar adecuadamente.

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